La mujer en la nieve ( Yuki - On' na)

martes, 7 de mayo de 2013


El cuento La mujer de nieve de Lafcadio Hearn (1850 - 1904) forma parte de su  obra  "Kawaidan. Cuentos clásicos del Japón" (1903). L. Hearn fue periodista, traductor y escritor, pero sobre todo su trabajo sobresalen sus estudios orientales, pues durante toda su vida amó profundamente la cultura japonesa, de tal forma que llegó a nacionalizarse como japonés, a casarse con una japonesa y a cambiar su nombre por el de Yakumo Koizumi (小泉八雲).

Conocí esta figura literaria a través de la asistencia al IV Ciclo de Literatura y Cine de la Universidad de Málaga, y me llamó tanto la atención su trabajó que decidí seguir investigando por mi cuenta. Ahora quisiera compartir con vosotros este precioso cuento...

La mujer de nieve es conocida en japonés como Yuki -  On'na (雪女), y es un icono del folclore japonés, de tal modo que podemos encontrar a este espíritu en películas, en la literatura, en el manga, en definitiva, en prácticamente cualquier tipo de manifiestación artística. Tal y como podréis comprobar tras la lectura, Yuki es representada con los cabellos largos negros, de apariencia hermosa, aunque con ojos terribles, y, siempre, aparece en noches con tormentas de nieve.


En un lugar de la provincia de Musashi, vivieron dos leñadores llamados Mosaku el uno y Minokichi el otro. En el tiempo a que me refiero Mosaku era ya un anciano y Minokichi, su ayudante, contaba solamente con dieciocho años de edad. Todos los días iban juntos a un bosque distante como cinco millas de su pueblecito. Para llegar a él tenía que cruzar un ancho río, en el que había una barca. En el sitio donde estaba el embarcadero construyeron varios puentes; pero todos se los llevaron las aguas. Ninguno podía resistir las crecidas del caudaloso río.
 
En una tarde muy fría, al regresar los leñadores a su casa, se vieron sorprendidos por un terrible huracán de nieve. Y llegaron al embarcadero y se encontraron con que el embarcadero se había marchado, dejando el bote en la orilla opuesta. El día no estaba para nadar, y los leñadores se refugiaron en la choza del barquero, muy satisfechos de haber podido encontrar donde guarecerse. En la choza no había brasero ni sitio para encender fuego, pues la cabaña estaba hecha con dos esteras y su extensión no llegaría a seis pies cuadrados. Sólo tenía una puerta, sin más huecos de ninguan especie. Mosaku y Minokichi sujetaron la puerta y se sentaron a descansar, abrigándose con sus casacones de paja. Imaginaban que la tormenta pasaría pronto.
 
El viejo se durmió poco después; pero el zagal estuvo despierto largo rato, escuchando el retumbar de los truenos, el bramido furioso del viento y el continuo azotar de la nieve contra la débil choza, que crujía y se bamboleaba con la misma ligereza que un junquillo en el mar. Era una tormenta formidable. El aire se hacía más helado a cada momento. Minokichi temblaba bajo su casacón de paja. Pero, al fin, y a pesar del gran frío que le atormentaba, se quedó aletargado. De pronto, al sentir que la nieve le caía en el rostro, se despertó. La puerta de la choza había sido forzada, y al resplandor de la nieve pudo distinguir la figura de una mujer. Era blanca desde la cabeza hasta los pies  y estaba inclinada sobre Mosaku, echándole su aliento. Casi en aquel instante se volvió hacia Minokichi, y también se inclinó sobre él. Éste quiso gritar, pero no pudo. Había perdido el habla. La mujer blanca se inclinaba cada vez más, hasta que se tocaron los dos rostros...El leñador observó que era muy bella, pero los ojos causaban espanto. Por espacio de unos segundos le contempló en silencio. Después le dirigió una sonrisa y le susurró al oído:
 
- Pensaba hacerte lo mismo que al otro. Pero no puedo sino sentir alguna misericordia hacia ti ¡eres tan joven! ¡y eres un hermoso joven! ¡muy hermoso! ¡muy hermoso!, sí, Minokichi. Y por eso no quiero herirte ahora. Pero si alguna vez dices algo, aunque sea a tu propia madre, acerca de lo que has visto esta noche, lo sabré al momento ¡y te mataré! No olvides nunca esto que te he dicho...


 
Dio media vuelta, atravesó la puerta y desapareció. El leñador pudo moverse al fin. Corrió a la puerta y escudriñó por todas partes. Pero la mujer se había volatizado misteriosamente y la nieve entraba de un modo arrollador en la desvencijada cabaña. Minokichi cerró la puerta y la aseguró con varios trozos de madera. Imaginó que el viento había sido quien derrumbó la puerta y que todo lo demás no pasaba de ser un sueño lúgubre. Y quizá la figura de mujer que vio en la puerta no fue otra cosa que la brillante claridad de la nieve...Pero, como no estaba muy seguro de sus ideas, llamó al viejo. Y éste no le respondió. Minokichi quedó aterrado. Empezó a buscar a tientas en la obscuridad, dio con el rostro de Mosaku ¡y notó que estaba frío como el hielo! El desgraciado leñador había muerto.
 
Al romper el día cesó la tormenta. Cuando el barquero, un poco después de salir el sol, retornó a su puesto, halló a Minokichi tendido en el suelo, sin conocimiento, junto al congelado cadáver de Mosaku. Minokichi fue solícitamente atendido y pronto volvió en sí, pero estuvo enfermo durante mucho tiempo, a causa del frío que cogió aquella terrible noche. La muerte del viejo le afectó de modo tremendo, pero no habló a nadie sobre la visita de la mujer blanca. Tan pronto como recobró la salud, reanudó sus tareas de leñador. Todas las mañanas iba solo al bosque, y regresaba al anochecer, trayendo sus correspondientes haces de leña, los cuales se encargaba de vender su madre, y con el producto de ellos trataban de ir viviendo.

Una tarde del invierno siguiente, al regresar de su cabaña, encontró en la carretera a una niña que llevaba la misma dirección que él. La jovencita era alta, de cuerpo frágil y esbelto y de hermosa apariencia. Minokichi la saludó. Ella contestó al saludo y su voz resonó en los oídos del joven con la misma agradable dulzura que el canto de un pájaro niño. El leñador se unió a la jovencita y empezaron a charlar. Dijo llamarse O-Yuki. Hacia poco tiempo que habían muerto sus padres y marchaba a Yedo para ver si por medio de unos parientes pobres que allí tenía entraba a servir en alguna casa principal. Minokichi quedó encantado con la amena charla de aquella mujercita, y cuanto más la miraba más bella le parecía. Le preguntó si estaba prometida. Y ella le contestó que no, y se rio alegremente. A su vez, O- Yuki preguntó también al leñador si estaba casado o prometido. Minokichi respondió, que aunque sólo tenía que mantener a su madre (el padre había muerto ya), la cuestión de una "nuera conveniente" aún no se había tratado, porque él era muy joven.

Después de hacerse estas mutuas confidencias, siguieron su camino. Marcharon durante gran espacio de tiempo sin hablarse una palabra: pero, como dice el proverbio japonés: Ki ga aréba mé mo kuchi hodo mi mono wo iu (cuando el deseo ha vencido, los ojos pueden hablar mucho más que la boca). Al llegar al pueblecillo ambos se hallaban encantados uno del otro. Minokichi rogó a O - Yuki que entrara en la casa para tomar algún reposo. La niña respondió con gran timidez y rechazó en un principio el ofrecimiento, mas acabó por aceptar. La madre del joven la recibió con mucho cariño y le preparó comida caliente. O - Yuki se portó de modo tan delicado y tan exquisito, que la anciana se aficionó a ella y la persuadió para que retrasara su viaje a Ydo. Y el desenlace natural de todo esto fue que O - Yuki no marchó nunca a Yedo. Permaneció en la casa como una "nuera conveniente".

Y O - Yuki demostró que, en efecto, era una bonísima nuera: cuando, cinco años después murió la madre de Minokichi, las últimas palabras que pronunció fueron palabras de afecto y alabanza dirigidas a la esposa de su hijo.

O - Yuki trajo diez hijos al mundo, niños y niñas, todos muy hermosos y de blanquísimo cutis.

Las gentes del país creían que O - Yuki era una persona algo bruja, basándose en la diferencia que existía entre ella y las restantes vecinas del pueblecillo. Quienes más se preocupaban de esto, naturalmente, eran las viejas. Y O - Yuki, a pesar de haber tenido diez hijos, se conservaba tan joven, tan fresca y tan bella como el primer día que entró en la aldea.

Una noche, después que acostaron a los niños, O - Yuki se sentó a coser a la luz de una lintera de papel. Minokichi, que estaba contemplándola, exclamó:

- El verte coser, con la luz sobre tu rostro, me hacer recordar cierto suceso bastante extraño que me ocurrió cuando tenía dieciocho años de vida. Entonces vi una cosa tan blanca y tan bella como tú lo estás ahora. Ciertamente, "aquella cosa" era igual que tú.

Sin levantar su mirada de la costura, O - Yuki preguntó:

- Dime algo de ella ¿dónde la viste?

Y Minokichi refirió la macabra historia de la noche de tormenta. Le habló de la Mujer Blanca que se inclinó sobre él, sonriendo y murmurando a su oído unas terribles palabras. También contó la silenciosa muerte de Mosaku y añadió:

- Despierto o adormecido, aquélla fue la única vez en mi vida que he visto un ser tan hermoso como tú. Desde luego, la mujer no era un ser humano, y yo me asusté de ella ¡y me asusté mucho! Pero ¡era tan blanca! y, en verdad, nunca he podido tener la certeza de si fue un sueño lo que yo vi o si era la Mujer de Nieve.

O - Yuki arrojó al suelo violentamente las labores, se levantó con precipitación y, dirigéndose a Minokichi, le gritó:

- ¡¡Era yo, yo, yo!! ¡¡Yuki, Yuki, Yuki era!! ¡Y te dije que te mataría si llegabas a decir a nadie una palabra sobre ello! Mas, por estos niños que duermen ahí ¡no quiero matarte en este momento! Cuida bien de ellos, procura que nunca les falte nada, pues si algún día tuvieran motivo para quejarse de ti, entonces ¡te trataría como mereces!

Y a medida que gritaba, su voz se iba debilitando y sus ecos parecían el silbido de un viento lejano. Y se fundió en una nubecilla blanca y brillante, que hizo espirales por toda la habitación, hasta llegar al techo, y, estremeciéndose, desapareció por la chimenea. Jamás volvió a ser vista.

 

1 comentarios:

J.M Garceso dijo...

El cuento me gustó muchísimo, no tanto la pelicula XD, pero el cuento es una maravilla y me quedé con ganas de ver los demás. GRAN ENTRADA ^_^

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