La silenciosa muerte de los libros

miércoles, 15 de mayo de 2013

http://blue-bullet.deviantart.com/
 
Los libros mueren silenciosamente en las estanterías. Las palabras que un día nacieron del corazón de sus autores hoy ya no encuentran eco en el silencio de la historia, y es mi intención haceros llegar un breve escrito de Eva María Benítez Aragón, que fue publicado en el primer número de la revista cultural La victoria de Sísifo en 2003. Creo que será del gusto de todos los lectores...
 
 
UNA MUERTE EVITABLE
 
Caminando por un angosto callejón de una urbe cualquiera, sentí que miles de personas me susurraban palabras que no podía descifrar pero sí pude localizar de donde procedían.
 
Mis ojos se clavaron en un pequeño escaparate, dominado por tonos marrones, que eran símbolo de vejez, de la antigüedad de unos libros que luchaban por mostrarse de una forma desordenada en un espacio tan reducido.
 
Mi curiosidad me hizo no ser ajena a ese tumulto de tomos que gritaban de una forma tan angustiosa como lo hace un hombre ante una muerte que le es asignada y ante la que no puede escapar de forma alguna, y por ello decidí acudir al auxilio de esas páginas que reclamaban mi atención.
 
Crucé el umbral y al entrar sentí un asombro desmesurado, una sublimidad dolorosa que me hizo ser culpable de la situación tan penosa que denotaban los gritos de aquellas personas que se ocultaban en los libros. Mi vista se llenó de estanterías casi ocultas del todo por un gran número de volúmenes, que se amontonaban y empujaban unos a otros por sobrevivir y no caer al vacío, por permanecer en aquella estantería y ser lo bastante visibles como para que alguien, alguien como hice yo, al entrar pudiese verlos.
 
http://breathing2004.deviantart.com/
Eran tantos que no supe a cuál prestar atención, y de una forma ilógica me centré no en aquellos que habían logrado permanecer en la estantería y eran visibles, sino en los que habían caído al suelo y emitían alaridos moribundos. Estos tomos me hablaban tanto de verdades de una realidad pasada, como de fantásticas historias que hacían volar mi imaginación a lugares que otros libros actuales no habían sido capaces de llevarme con tan pocas palabras como éstos.
 
Escuché de entre ellos, uno, cuya voz era ronca y rasgada, y no pude descifrar lo que quería decir hasta que centrando toda mi atención, logré reconocer ciertas palabras similares al habla gallega, y pude saber que era un libro muy, muy antiguo, una joya cuyo idioma era el castellano, un castellano tan antiguo que apenas era comprensible.
 
A su lado y envuelto en una tela de araña que ocultaba unos colores que en su tiempo posiblemente fueran muy intensos y alegres, un hombre y una mujer gritaban su historia, la historia de una tragedia de amor, tan pasional, romántica y profunda, que mi alma moderna, al sentir una intensidad impensable en su tiempo, estremeció y se sintió vacía.
 
Bajo este relato de amor, asfixiado por una tela de araña, se encontraba un cuaderno de grandes dimensiones que emitía un gran número de sonidos diferentes, provenientes de muchos hombres que discutían sobre física y química, sobre las leyes naturales y sobre un entramado de cuestiones que se relacionaban con la vida física del universo, o sobre el espacio y el tiempo, temas hoy día sin descifrar por el ser humano.
 
Todos estos personajes bailaban al son de unas melodías tan complejas y dinámicas, que en aquel momento yo pude oír, y que los oídos refinados de las grandes escuelas musicales dominados por la regla y la armonía, habían olvidado y los habían calificado de apócrifos.
 
Tantos sonidos, tantas voces que narraban historias de ficción y todas las vidas reales que se escondían en aquellos libros, decidieron dar un unísono grito que provocó un estallido en mis sentidos. De repente todos los volúmenes desaparecieron de mi vista, todos menos uno. Un enorme libro con las tapas negras sin título, que se abrió ante mí, mostrándome unas páginas que descubrían la farsa en que se había convertido mi vida actual, una vida dominada por la novedad y por los nombres conocidos por la mayoría, nombres que quizás debían ser reemplazados por otros con más mérito y menos renombre.
 
El oscuro libro de palabras sabias, narraba la vida de la humanidad, una humanidad que había olvidado que es producto de ideas y relatos que hombres de otro tiempo llegaron a descubrir, y crearon en forma de libro para abrir nuestros ojos y nuestras mentes. Un mundo, donde la mano que todo lo escribe, las editoriales, habían dejado de transmitir las ideas que son la cuna de todas nuestras ideas, y ahora fijaba su mirada el entramado de ideas y pensamientos que el hombre actual pretendían reflejar, sin saber que puede hacerlo con un tipo de lenguaje que alguien inventó, con unas normas que otros habían creado y usado, con unos sentimientos que no llegan a ser más profundos que los que ya habían sido transmitidos, y sobre todo con descripciones de nuestro entorno que son posibles gracias a aquellos tantos otros que descubrieron la realidad, la verdad de nuestro mundo y su funcionamiento.
 
Todas aquellas personas descubrieron grandes verdades y supieron reflejar las inquietudes humanas y sus preguntas, muchas de las cuales no han logrado ser descifradas, y han sido sepultadas en el tiempo, olvidadas por todos los que no sabemos que en ellas podemos encontrar respuestas a nuestros problemas e inquietudes, que en aquellas personas, en aquellos pensamientos en forma de libro, se encuentra la sabiduría humana, la sabiduría de los viejos.
 
Cuando el viejo libro negro terminó su relato, todo volvió a la normalidad; los libros que habían desaparecido se mostraban de nuevo en aquellas grandes estanterías, unos sobre otros, amontonados. Pero algo era distinto, algo en mí había cambiado y ahora la realidad tomaba un matiz especial, un sentido más claro. Aquellos libros habían abierto mis ojos a la realidad, una realidad que estaba ya en ellos y que todos podemos descubrir en las pocas librerías donde todavía esos libros luchan por vivir.
 
http://blindmanphoto.deviantart.com/
 
Este relato que, sin duda, hace reflexionar sobre la forma en la que descuida el mundo actual, tan modernizado, mecanizado y tecnológico, el objeto que ha transmitido la sabiduría de nuestros antepasados, el soporte en el que vienen narradas las historias que desde hace siglos nos hacen soñar. El libro.
 
Con esta lectura no he podido evitar recordar el maravilloso corto "Los fantásticos libros voladores del señor Morris Lessmore", que muestra cómo los libros devuelven a las personas, que le dedican su tiempo, amor, compañía y un sin fin de emociones por añadir. Fue premiado con un Oscar en el año 2012 como Mejor corto de animación.
 
 
 


 

 


2 comentarios:

J.M Garceso dijo...

Qué relato más bonito y conmovedor y que razón más grande. Ojalá esto sirva para reflexionar sobre los perjuicios de abandonar a los libros en las estanterías esperando a que sean leídos. Una maravillosa entrada ^_^

Elisenda Ortega dijo...

Hace tiempo que ví este corto y me emocionó especialmente, porque soy una enamorada de los libros. Preciosa entrada!

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